INFATIGABLES

Blog de Víctor José López /Periodista

martes, 20 de febrero de 2018

Vargas Llosa y sus siete maestros


Friedrich August von Hayek, Karl Popper, José Ortega y Gasset e Isaiah Berlin, vistos por Sciammarella.EL PAÍS
Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) es quizá el escritor más vilipendiado entre los autores vivos de la lengua española. Por haber hecho un viaje del marxismo al liberalismo que detalla en su nuevo ensayo, La llamada de la tribu (Alfaguara), cuya publicación está prevista para el 1 de marzo.
A lo largo de su vida le dijeron de todo, también cuando era un muchacho que quería llegar a París para hacerse escritor. Y cuando ya era algo más popular le insultaron también, porque ya no era el sartrecillo valiente” (como lo llamaron sus coetáneos, por la pasión que mostraba por Jean Paul Sartre), sino un agente anticubano.
En esas épocas más juveniles se tomaba muy en serio los insultos y las burlas. Un día de 1990, tras ser derrotado por Fujimori en su intento de ser presidente (liberal) de Perú, le contó a un periodista del Paris Review algo que le había sucedido con Pablo Neruda cuando celebraban en Londres el cumpleaños del gigante chileno.
Estaban en la cubierta de un barco, y Vargas Llosa había tenido un disgusto: “un artículo me había alterado e irritado porque en él se me insultaba y se decían mentiras sobre mí”. Neruda le profetizó: “Te estás volviendo famoso. Quiero que sepas lo que te espera: cuanto más famoso seas, tanto más te atacarán. Por cada elogio, recibirás dos o tres insultos. Yo tengo un cajón lleno de todos los insultos, villanías y maldades que un hombre es capaz de soportar. No me ahorraron ninguno: ladrón, pervertido, traidor, delincuente, cornudo... ¡Todo! Si te haces famoso, tienes que pasar por eso”.
Han pasado décadas. Vargas Llosa pasó del comunismo y del marxismo al liberalismo, y al final de ese tránsito, desde mediados de los años 70 del siglo pasado, cuando en Cuba se produjo el caso Padilla y el escritor peruano rompió con la revolución, abandonó las posiciones tradicionales en la izquierda y se hizo más de Albert Camus que de Sartre, se cumplió la profecía de Pablo Neruda. No lo llamaron pervertido. Lo llamaron liberal.
La llamada de la tribu es una respuesta al epíteto y, sobre todo, es una especie de cena con siete de los maestros que lo convirtieron a la fe liberal de la que ahora se siente tan orgulloso como de haber abrazado la fe en Faulkner, Borges o Flaubert. Vargas Llosa explica como un recién salido de unas jornadas intensivas con tales maestros liberales (su tribu) qué hicieron por la salvación de su alma Adam SmithJosé Ortega y GassetFriedrich August von Hayeksir Karl PopperRaymond Aron, sir Isaiah Berlin y Jean François Revel.
De esos liberales que se sientan a su mesa, tres son a los que debe más, “políticamente hablando”: Popper, Berlin y Hayek. Con todos establece en el libro una esgrima afectiva. A Smith, padre de la economía moderna, lo sitúa en la campiña escocesa, hablando solo; a Ortega no le ahorra ningún rasgo de su carácter, a Hayek lo encuentra cuando ya Vargas transita el aledaño liberal, pero el maestro lo sorprende hablándole, en coña, de Bakunin...
“No lo parece”, dice al principio del volumen, “pero es un libro autobiográfico”. Porque no está escrito en virtud de las ideas o las teorías de sus siete comensales, sino que los entraña y los sitúa como parte ahora imprescindible de su propia vida personal y política.
Como si hablara de amigos con los que en el pasado tuvo reyertas, tampoco les escatima reproches. Por ejemplo, a Hayek, por haber caído en las redes de la propaganda pinochetista, o a otros liberales por haber dejado que la palabra liberalismo se quedara en manos de lo estrictamente economicista. Por citar al más cercano, de Ortega y Gasset revela grandezas y dudas, pero a los españoles les recuerda que si hubiera sido inglés o francés o alemán hoy aquí se le tenderían alfombras al paso de su memoria y de sus enseñanzas.

Sacar pecho

No es, por decirlo así, una cena tranquila con ninguno de ellos. Discute con todos. Ya nadie podrá insultarlo como liberal. Es que es lo que es. Aquí el vilipendiado liberal saca pecho, “¿liberal?, ¿Y qué?” parece decir.
En El pez en el agua (1993), sobre su fallida experiencia política para optar a la presidencia de Perú, cuenta una anécdota que ocurrió durante la campaña. El Servicio de Inteligencia de Estados Unidos divulgó que su candidatura inquietaba al país. Parecía mentira, pero el embajador estadounidense le dijo que esa información en efecto salía de la CIA. “Le comenté”, dice Vargas en El pez..., “que lo bueno de esto era que los comunistas ya no podrían acusarme de ser un agente de la celebérrima organización”.
Ahora los que lo insultan por liberal tienen 311 páginas de explicación del propio Vargas sobre las razones que lo llevaron al liberalismo. Este fin de semana, el Nobel se lo explica a Maite Rico en una entrevista que se publica el próximo domingo en El País Semanal.

NO SABE HABLAR Y SE QUIERE COMUNICAR POR SEÑAS


SE FUE EL LIBRERO DE LOS PERIODISTAS

Brassesco,
un mago en el arte de vender libros
y regalar historias
a los periodistas

Para Mary         
Decir que Esteban Brassesco era el librero de los periodistas equivale a decir que Rayuela es solo un libro. Sí, vale como definición, pero no es suficiente para describir a uno de los hombres más importantes del periodismo venezolano en las últimas décadas.
Seguramente al leer esta grandilocuencia se burlaría. Jamás le gustaron las expresiones desbordadas ni la estupidez. Cáustico y mordaz no se saltaba un detalle; le ponía sobrenombres secretos a los periodistas y con las manos cruzadas a la espalda, como los personajes a los que Gregorio Samsa enfrenta en el libro más famoso de Kafka, observaba el devenir de las redacciones de los principales periódicos de Caracas.
Pero es cierto, Brassesco era mago. De sus cinco, cuatro, tres maletas, que se fueron reduciendo en número a medida que se dificultaba la importación de libros, sacaba historias increíbles, cuentos desternillantes, fotos extraordinarias y pedidos estrafalarios. No necesitaba un conejo ni un smoking; con sus camisas de manga corta y el cabello engominado hacia atrás, no tenía nada que envidiarle al hechicero de Camelot.
También había desarrollado dotes de psicólogo. Pocas personas conocían el alma de los periodistas como él. Sabía con una precisión casi inaudita lo que a cada uno le gustaría leer. No es poca cosa adentrarse en las aficiones literarias de los reporteros, saber qué autor te llamaba y cuál te desarmaba. A veces, creo que en sus recomendaciones también iba algo de humor. Una advertencia para suplir carencias al escribir o un guiño de puro afecto.
El señor Esteban -siempre acompañado de su compañera infatigable y fuerte, Mary- era un agente de viajes. Con cada libro ofrecía la oportunidad de hacer travesías literarias, conocer mundos que de otra manera sería imposible. En realidad, ellos dos eran Phileas Fogg y Jean Passepartout, los entrañables personajes de aquella aventura relatada por Julio Verne, encarnados en una pareja de uruguayos quehuyendo de la dictadura llegaron a Venezuela y la escogieron para dársela a sus hijos, Stella, Daniel, Martín, Javier y Pablo.
Brassesco era un vendedor avezado y generoso. Llevaban un cuadernito en donde anotaban lo que los periodistas le compraban y lo que le debían. Jamás lo escuché cobrando, jamás discutía sobre eso. Sus conversaciones eran ricas, cargadas de datos, reminiscencias  y advertencias. La política era un tema seguro. Segurísimo. Y cómo lo disfrutaba.
Después del anuncio de su muerte repentina  -aunque tenía 85 años pero parecía inmortal– decenas y decenas de periodistas han escrito cuánto le agradecen. Cuántos buenos momentos le deben. No es poca cosa alimentar redacciones, reporteros, diseñadoresfotógrafos y editores. En un ambiente en el que el descreimiento es ley, las expresiones de afecto unánimes solo dan cuenta de su humildad, discreción y bondad.
En mi vida me he mudado 14 veces y siempre me preocupaba cómo llevar mis libros. Ninguna casa era buena si no tenía espacio para mi biblioteca: gorda, llena, variada,  amada, manoseada hasta el cansancio. Creo que no me equivoco al calcular que al menos el 80% de los libros vinieron de las arcas de Brassesco.
Sin embargo, hoy, cuando quiero acercarme a comprobarlo no puedo. Estoy lejos. Mis libros se quedaron rezagados. Tapizando las paredes de mi cuarto, de mi sala, del cuarto de mis hijas. Mis niñas aprendieron a leer, a enamorarse de la literatura, de la mano de Brassesco; pero todas las hadas, los unicornios, los perros aleccionadores y los gatos elegantes permanecieron atrás, atrapados entre las páginas del destierro.
Brassesco solo pude llamarlo con el señor por delante de su apellido. Con frecuencia me reclamaba y yo balbuceaba alguna explicación necia. Pero la verdad no sé, no me salía tutearlo. En nuestra última conversación me lo volvió a recordar, pude durante dos intentos, decirle Esteban, pero antes de despedirme, le dije: adiós, señor Esteban.
Lo paradójico es que en esta nota no caben las despedidas. ¿Cómo hablar de partida cuando la memoria y los estantes  siguen ahí? No, esto es solo otro capítulo en el que nos toca recordarlo y agradecerle todo lo que fue.
Fotos: Carlos Hernández

lunes, 19 de febrero de 2018

Gran Consulta Popular para el Gran Cambio Nacional por Luis Granados



Arq. Luis Granados

Alianza Nacional
Constituyente

En estos días, ante la dramática situación nacional, han estado muy activos representantes de los sectores universitarios, empresariales y religiosos. Celebramos y aupamos su activación. Han definido con lujo de detalles el carácter represivo y dictatorial de un régimen ligado a factores del narco tráfico y el terrorismo internacional, han levantado su voz ante la agresión violatoria a los derechos humanos y políticos de los venezolanos que nos coloca en un estado de sobrevivencia y subsistencia, siendo la diáspora de más de 4 millones de connacionales su expresión más dramática, junto con la miseria, pobreza enfermedad y hambre de los que aún no han podido salir.

Curiosamente plantean y retoman argumentos esgrimidos en el fracasado dialogo de Santo Domingo, como si no hubiera otra solución constitucional y solicitan a los partidos y a los venezolanos que no se puede ir a unas elecciones presidenciales con presos políticos, partidos ilegalizados, sin árbitro electoral confiable, fuera del lapso constitucional, convocadas por un órgano ilegitimo en origen y desempeño como la asamblea constituyente psuvista y que sin pretender ser abstencionistas, señalan que no se puede ir a convalidar un régimen por seis años más, cuyo resultado fraudulento está cantado. Planteadas así las cosas parece inalcanzable ese fin.

Ahora bien, el problema no solo está en ir o no a una elección presidencial, es mucho más de fondo, conocido el talante del régimen, que ha hecho del voto una herramienta más para mantener su “dictadura electoral”, no cederá en dar esas garantías electorales, ni ahora ni en diciembre del 2018, como se lo solicitan; ni desactivara su psuvista asamblea que les garantiza junto a la fuerza armada su permanencia en el poder por encima de cualquier iniciativa electoral. No, no está en él renunciar al poder o entregarlo como producto de una elección como se practicaban hasta 1998. Todo lo contrario, su proyecto es eternizarse en él y los voceros de estas respetadas instituciones frente al despropósito dictatorial, contraponen la unidad de todos para lograr esas condiciones y nos convocan a la las calle para lograr el objetivo electoral de la unidad para el cambio y acuden a la presión internacional para que el régimen seda a esta iniciativa democrática electoral secuestrada por el régimen.

Y me pregunto, porque no convocarnos todos para algo de mayor trascendencia nacional que vaya más allá de tener un órgano electoral confiable para elegir a un nuevo presidente o mesías como lo hacíamos antes, mesías que nos condujeron a esta profunda crisis que un presidente, una parcialidad política y con este modelo centralista no puede resolver?. Porque no convocarnos para que de una vez por todas vayamos con el apoyo internacional a darnos una solución donde opinemos y nos sintamos interpretados los venezolanos amplia y solidariamente con el devenir nacional? Porque no darnos la oportunidad de que el pueblo recupere su poder originario establecido en el art. 347 de la constitución y ejerzamos la soberanía nacional que en nosotros reside y es intransferible como lo establece el art. 5 de la constitución? O acaso queremos mantener la nefasta practica de que se pone al pueblo como razón de planes y proyectos políticos, pero nada se hace con él, sino solo se le consulta en elecciones? Porque temer a la voluntad popular, es acaso que la dirigencia no tiene el liderazgo suficiente para orientar el mandato popular?
 Consultemos de una vez por todas a lo legítimos representantes de la soberanía popular, al pueblo soberano de Venezuela, a quienes por derecho le corresponde y a quien más duele el presente e interesa el porvenir libre, democrático y desarrollado de la república.

Es el momento de todos dar esa gran batalla, contra la opresión, la tiranía, el despojo nacional, contra el cómplice y traidor a la patria, contra todos aquellos que privilegian su interés particular o grupal por encima del interés de todos y de la república.

Creo en consecuencia que esta confluencia que recién se inicia de sectores importantes pero aún insuficientes, deben plantearse sin temor alguno, salirse de la agenda del régimen, que ha demostrado en estos 18 años dominar cada vez más, llegando a la humillante situación del chantaje al elector a cambio de mendrugos para alimentarse y escoger con un 80% de aceptación como mínimo, convocar a una Gran Consulta Popular para ir hacia el Gran Cambio Nacional. Que el pueblo venezolano decida, sobre su presente y futuro nacional.

En esta Consulta se preguntaría, por ejemplo, 1ro. Si disuelve o no la Asamblea Constituyente de Maduro y deja sin efecto sus actos, 2do, si desea o no convocar por iniciativa popular en esa misma consulta a un proceso constituyente de carácter originario, (art. 347 y 348.- 15%. 3 millones de firmas de electores inscritos en registro civil y electoral) 3ro. Si desea autorizar a la nueva constituyente una vez instalada, apartar el actual gobierno y nombrar a un gobierno de unidad y transición, que libere presos políticos, retorno de exilados, supresión de medidas cautelares y de inicio a un gobierno de emergencia nacional para reconstruir la república, hasta que entre en vigencia la nueva constitución que defina un nuevo modelo descentralizado de país con base en un nuevo proyecto de país y convoque a un proceso de elecciones generales.

Me atrevo a asegurar que la Comunidad Internacional, que ya declaro no reconocer ni a la Constituyente espurea, ni el producto de una elecciones amañadas e ilegitimas, posiciones estas favorables para el accionar opositor, estará más que dispuesta y satisfecha con apoyar y presionar de manera efectiva por la realización de una consulta que no solo implica, que sea el pueblo quien decida sobre el destino del país en una jornada, democrática, incluyente, participativa, soberana y constitucional, sino que la misma se realice bajo la veeduría más calificada internacional y bajo la rectoría de un ente que la Asamblea Nacional o el TSJ legitimo nombrara por omisión de la primera, pero que contaría, repito, con todo el apoyo internacional que hoy con legitima preocupación ve en peligro la paz en la región y el progresivo genocidio a que se está sometiendo al pueblo de Venezuela. Emulemos la gloriosa jornada de hace 208 años del 19 de abril de 1810 donde el pueblo consultado destituye a Emparan y se da su primera forma de gobierno autónomo, dando inicio a nuestra independencia.


ENCUESTA NACIONAL DE CONDICIONES DE VIDA EN VENEZUELA


NIÑOS QUE MUEREN SIN QUE NADIE LOS LLORE Egildo Luján Nava




Formato del Futuro…

En países con un mayor nivel de civilización y en donde el respeto que le dispensan los gobernantes a los administrados es una verdad, existe una máxima cultural que destaca que su felicidad comienza y termina con la sonrisa de sus niños y la alegría de sus ancianos.

En Venezuela, en pleno Siglo XXI, lamentablemente, esa frase no es posible construirla. Porque sus niños están huérfanos de sonrisas; sus ancianos fallecen por motivos de mengua y desnutrición, lo que evidencia que todo es producto de que el país, lamentablemente, ni es todo lo civilizado que debería ser, ni sus gobernantes se ocupan de construir felicidad ciudadana, mucho menos de apoyarse en el respeto a los gobernados.

Por lo tanto, hasta que todo eso se supere, no sorprende que, como ha sucedido durante los pocos días que han transcurrido del 2018, los pocos medios de comunicación social que aún sobreviven destaquen noticias tan dolorosas como la de que madres venezolanas decidieron dejar a sus hijos menores de seis años en Colombia, para que ellos puedan acceder a la alimentación y a la nutrición. Y todo porque ese derecho constitucional no es posible de ejercer en el país que les vio nacer, ya que no existen los alimentos necesarios, o sus padres no disponen de ingresos suficientes para que sus muchachos puedan, obviamente, alimentarse y nutrirse. Estos niños dejados a la buena de Dios en Cúcuta, fueron recogidos por las autoridades colombianas para prestarles atención.

Otro caso tan doloroso y reprobable como el anterior, desde luego, fue aquel expuesto por las redes sociales del caso suscitado en Barquisimeto, en el que una parturienta aparecía siendo atendida en el momento del alumbramiento en las sillas de recepción en los pasillos de un hospital por falta de camas y salas de parto. ¿Y qué decir del cuestionable hecho en el que aparece un grupo de criaturitas en sendas cajas de cartón, ante la aparente indisponibilidad en el sitio de incubadoras para la atención post-natal?.

Por supuesto, cualquier diccionario de la Real Academia luce pobre en su disponibilidad de expresiones humanas para calificar semejante desfile de peores ejemplos. No de un país petrolero convertido en vitrina global de sus miserias sociales; sí de su condición de ejemplo residual de nación peor administrada, moralmente conducida, pobremente maltratada por una y otra fase gubernamental, mientras que desde sus más sobresalientes posiciones de mando se hablaba de amor, progreso, prosperidad, bienestar popular, paz y de esfuerzo dirigido  a consolidar   condiciones de potencia, potencia y más potencia.

Lo último que a la muchachada venezolana le podía suceder es que, entre la escasez, el desabastecimiento, el hambre, la hambruna, la hiperinflación, también se ha dado que varios de sus miembros dejen de existir en su condición de neonato por la indisponibilidad de recursos técnicos y medicinales para superar sus deficiencias; que la ingesta de yuca amarga los convierta en víctimas de cianuro por proceso de hervor indebido, como acaba de suceder en Aragua. De igual manera, que en regiones como en Táchira dejen de existir uno y otro, mientras que las autoridades se las ingenian para, a partir de sus versiones, convencer  a la ciudadanía sobre cuáles pudieran ser las causas de lo que ha estado sucediendo.

Imposible que ciudadanos en su sano juicio, admitan en silencio la afirmación gubernamental de que en Venezuela no hay crisis humanitaria de ninguna naturaleza. Y casi cuando insisten en querer que se acepte y tratan de demostrar que los que fallecen, es porque estaban vivos. De ser así, entonces, por supuesto que también carece de sentido derramar una lágrima por el niño que fallece, al que se pierde o al que debes entregar para que sea otro el que le garantice crianza y sobrevivencia. Mejor dicho, para que se lo arrebaten a la ausencia eterna.

Pero ¿de qué hablan realmente estas noticias?. El dolor y la indignación hacen posible la aparición de expresiones que ubican a Venezuela entre la hambruna y un holocausto al que, sin embargo, aún le faltan argumentos y demostraciones. No obstante, lo siguen llamando igual, holocausto,  a pesar de dicha orfandad de elementos demostrativos.

Y todo porque, a decir de esas personas, nadie puede entender cómo es que un país otrora rico, que hasta hace poco presumía de las glorias que hacían posibles los ingresos petroleros y sus derivados del proceso refinador, menos de dos décadas han sido suficientes para vestirse de harapos y entre ruina y más ruina. Inclusive, hasta para perder lo que le permitió proyectarse ante el mundo por su condición de país democrático, en refugio de quienes huyeron oportunamente de los estragos destructores de la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, convertirse en el asilo excepcional de cuanto emigrante del mundo huía de las injusticias, horrores o acechos en sus tierras de origen.

Venezuela, el país bondadoso por excelencia, Patria que sin reproches o discriminaciones jamás le cerró las puertas a quienes necesitaban  hospitalidad y sin pedir nada a cambio, hoy registra en sus adentros lo que es vivir dependiendo. No de lo material ni del inevitable asistencialismo; sí del tratamiento de haberse convertido en el foco latinoamericano  de la exportación de miles y miles de ciudadanos para más de 90 países, en muchos casos convirtiéndose en objeto de persecución al estar operando como portaestandarte de la miseria en expansión, de la pobreza como referencia de una nación de postguerra, sin haber vivido ninguna guerra.

De lo que se trata, real y dolorosamente, entonces, es de que todo eso sucede teniendo al frente al Gobierno que se ufana de pisar sobre las reservas de petróleo más grande del mundo,  pero que no sabe cómo justificar ante sus socios de la Opep y compradores, como de competidores,  a qué se debe que pierda todos los días capacidad de extracción, de refinación, de comercialización; también qué hará si algún día sus acreedores  se deciden a hacer causa común para ejercer su derecho a cobrar, y no a seguir dependiendo del buen trato del especulador que aguarda por el momento ideal para dar su zarpazo magistral.

Lo cierto es que, salvo lo que sucede en los hogares de sus padres, a los niños venezolanos que se pierden no se les lloran. Mientras que aquellos jóvenes y profesionales que comienzan a plantearse la idea de salir huyendo, en vista de que su Patria no les garantiza opciones para formarse ni producir, ya, sin embargo, se sienten ser parte de un país en quiebra, considerado el segundo más pobre del mundo.

Tan pobre es que ha perdido su más valioso soporte:  cerca de un millón de personas anuales que hoy representa un sexto de la población nacional, es decir, casi cinco millones de personas que en su mayoría son menores de 30 años, profesionales de todos tipos y especialidades, incluyendo más de 20.000 médicos.

Esos que optan por la huida, saben a qué se enfrenta un parte importante de los millones de venezolanos en muchas partes del mundo. Muchos duermen al aire libre, en plazas, calles o canchas deportivas;  deambulan pidiendo limosna o hurgando en la basura para comer; obligados a aceptar trabajos por míseros pagos. Pero no acusan a sus connacionales de  ser culpables  únicos de estar a punto de perder familias, país y esperanza. 0tros, a su juicio,  hay que inducen, obligan y hasta provocan la salida.

En cambio, en su fuero interno prefieren resignarse a luchar por su vida en condiciones contrarias, convencidos de que son mayores las posibilidades de superar la condición inicial adversa, y convertirlas en ventajas de vivir, antes que sobrevivir sometidos  forzosamente a la voluntad caprichosa de aquellos que, empinados sobre los abundantes ejemplos de sus fracasos, insisten en multiplicar  y fortalecer el proletarismo para nutrirse de su expansión y justificar falsas legitimidades en el ejercicio de un poder ocioso, bueno para nada.   

Esto que está sucediendo en Venezuela, ¿es un crimen contra la humanidad o un "Crimen de Lesa humanidad" como lo tipifican mundialmente?.

Ese delito es un hecho que se tipifica y califica cuando  a partir de julio de 1998, 160 países -incluida Venezuela- deciden establecer en Roma la Corte Penal Internacional. El propósito acordado era el de juzgar los delitos más graves cometidos en cualquier parte del mundo y en contra cualquier ser humano, para terminar arrestando a todo aquel que fuera declarado culpable en el Tribunal Penal de La Haya. El crimen de “Lesa Humanidad”, entonces,  es delito universal e imprescriptible.

"Se denominan crimen contra la humanidad o de “Lesa Humanidad”, según lo que está establecido por la Corte Penal Internacional, las conductas tipificadas como asesinato, exterminio, deportación o desplazamiento forzoso, encarcelación, tortura, violación de derechos humanos, persecución por motivo políticos, religiosos, ideológicos, raciales, desaparición forzada o cualesquiera actos inhumanos que causen graves sufrimientos o atenten gravemente contra la integridad física o salud mental."

Obviamente, como cualquier crimen, éste, en particular, tiene que ser sometido a un juicio imparcial en la Corte Internacional de La Haya establecida en Holanda en el año 1945. Importante destacar que sus fallos tienen carácter vinculante final y sin apelación.

Al leer las principales causales de este tipo de delito, imposible no pensar en lo que está sucediendo en Venezuela. Centenares de muertes por falta de medicamentos, como de alimentos; centenares de detenidos, miles de enjuiciados por protestar públicamente; muertes causadas por la fuerza pública; uso de gases tóxicos y armas letales en manifestaciones públicas; incautación de bienes arbitrariamente sin la debida compensación; allanamientos y arrestos de personas sin una orden judicial etc. Todo lo cual requiere una investigación y señalamiento de responsabilidad.

¿Y quiénes son los responsables de tantos daños?. Abundan las denuncias hechas en los tribunales nacionales, al igual que en los internacionales. Ellos describen hechos, acciones, responsabilidades.

Lo cierto es que es importante recapacitar sobre este tema y comenzar a rectificar. En su defecto, no permitir que una minoría de culpables de estos delitos arrastren a delinquir a esa mayoría que siempre ha estado en contra de la violación de derechos humanos. También tener siempre presente que  la ignorancia o desconocimiento de la Ley no libera de responsabilidad a un infractor. Ante el hecho, por supuesto, todos los ciudadanos gozan  del amparo constitucional de incumplir una orden que lesione los derechos humanos.

Egildo Luján Nava

Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)