viernes, 26 de mayo de 2017

¿Y después de Maduro qué? por Luis Manuel Aguana



En agosto de 2016, Risa Grais-Targow, Directora para América Latina de Eurasia Group, la consultora más grande del mundo en riesgo político mundial, indicaba en un análisis acerca de Venezuela (ver “A (much) brighter future for Venezuela?” - Un futuro (mucho) mejor para Venezuela?), en http://www.eurasiagroup.net/live-post/a-much-brighter-future-for-venezuela) luego de un análisis de la realidad de ese momento en el país que “…las calles siguen siendo la vía más viable para forzar un cambio fundamental del régimen, ya que es el único catalizador que podría cambiar las preferencias de los militares. Si se les pide disparar a civiles que se movilizan en las calles para defender al gobierno, creo que vendrán a la mesa y negociarán una salida. Esto implicará necesariamente fijar un nuevo calendario para las elecciones que la oposición casi seguramente ganaría…”(traducción libre). No estaba en ese entonces equivocada en lo de las calles para forzar un cambio, y está todavía por verse la negociación de los militares por una salida porque el régimen efectivamente está disparando en las calles a los ciudadanos que protestan pacíficamente.

En un reciente reporte (ver Venezuela: Government Stability – Eurasia Group, 23 May 2017, en http://tinyurl.com/ybg2ekam) esta misma empresa consultora destaca lo siguiente: “…El camino hacia el cambio de régimen es irreversible. Así, independientemente del catalizador, una transición política ya no es una cuestión de si será, sino de cuándo será. El calendario preciso es imposible de predecir, pero ahora asignamos una probabilidad del 70% de que Maduro no podrá terminar su mandato, con el escenario alternativo en el cual el gobierno permanece en una posición abiertamente autoritaria y altamente represiva. Los intereses creados en el statu quo y la voluntad del gobierno de usar la represión significan que el conflicto actual podría muy bien ser prolongado. Pero la confluencia de una oposición unida, un chavismo dividido, una crisis económica cada vez más profunda y una creciente presión internacional hacen que las condiciones estén dadas para el cambio de régimen, lo que también podría suceder en cuestión de semanas…”(traducción libre y resaltado nuestro).

En otras palabras, si las condiciones se mantienen –como en efecto se están manteniendo- ya la pregunta no es si el régimen caerá, sino cuando. Esto es, si se mantiene la gente en la calle en protesta permanente, si la oposición se mantiene unida, si el chavismo continúa agrietándose, si la crisis económica continua agravándose día a día, y si se mantiene la presión internacional, entonces, en cuestión de semanas, podemos esperar la salida de Maduro como resultado, con una probabilidad del 70%. Y este escribidor lo deja hasta allí como la opinión de un grupo de expertos internacionalmente calificados en riesgo político, de la mejor consultora especializada en ese tema a nivel mundial, lo que me lleva al motivo de esta nota.

Basándome en esta premisa ya calculada externamente lo que podemos decir es que no deberíamos en ese escenario altamente probable pensar en un cambio en la ruta de los acontecimientos. Todas esas condiciones deben mantenerse para que efectivamente se produzca ese cambio que la mayoría de los venezolanos desean. No quieren otra cosa que la salida del régimen de Nicolás Maduro ahora –no después-, aunque les hayamos propuesto que ese cambio puede ser la consecuencia de un proceso Constituyente de carácter Originario adecuada y democráticamente convocado por el pueblo, que dispondría, no solo de Maduro, sino del resto de los Poderes Públicos.

Pero ya es tarde para eso. La dinámica política del cambio comenzó y es indetenible. La mejor prueba de ello está en las mismas calles. Si la oposición negociara con el régimen otra cosa que no sea la salida del régimen de Maduro, la gente igualmente permanecerá en las calles. El proceso a estas alturas luego de 60 muertos hasta el 24 de Mayo (http://www.el-nacional.com/noticias/sociedad/cronologia-muertos-protestas-venezuela-hasta-mayo_182987) luce indetenible hasta que Maduro se vaya. Y eso es lo que están midiendo desde el exterior.

Ahora bien, tal y como reseñe en mi nota anterior (ver Calle con propósito, en http://ticsddhh.blogspot.com/2017/05/calle-con-proposito.html) la Asamblea Nacional ha decidido iniciar un proceso de consulta en referendo al pueblo de Venezuela, para “que quede claramente cuantos son los venezolanos que rechazan esa propuesta de Maduro, y cuántos son los venezolanos  que respaldan la propuesta de la Asamblea Nacional de que este año el pueblo de Venezuela tenga un nuevo Presidente.”. Como resalté en esa nota, la Asamblea Nacional escogió la vía constitucional de la consulta al pueblo en materias de especial trascendencia nacional establecida en el Artículo 71 de la Constitución, para que el pueblo se pronuncie por ese llamado a Constituyente del régimen. Pero también lo hizo para que el pueblo se pronuncie por unas elecciones anticipadas del Presidente de la República.

Aunque podamos estar muy de acuerdo con esa última consulta de carácter político, y a pesar de que el pueblo se pronuncie masivamente a favor de esas elecciones anticipadas, bastaría saber si la interpretación constitucional llega a ser vinculante para que esas elecciones presidenciales anticipadas puedan efectivamente ser obligantes para el régimen. Sabiendo que estamos tratando con quienes estamos tratando, obviamente no lo serán, por lo que el juicio resultante de la consulta será netamente político a favor de resolver la crisis por la vía electoral, pero profundizando el enfrentamiento.

Sin embargo la oposición no puede obviar aunque lo deseen las formas constitucionales. En el caso que Maduro resolviera renunciar mañana por las presiones de la calle o simplemente los militares decidan hacerlo renunciar, el régimen aducirá que a Maduro le sigue, de acuerdo a lo establecido por la Constitución, el Vicepresidente en funciones, quien luego del 10 de enero de 2017 tiene la responsabilidad de concluir el período presidencial hasta el 2019. Eso no podemos eludirlo. De hecho Maduro puede poner a su mujer como Vicepresidente antes de que eso suceda. Por más que podamos pedir elecciones generales en consulta popular, eso es lo que dice la Constitución.

¿Cómo se resuelve eso, si, como se espera, Maduro se va mañana? O la Asamblea Nacional hace efectiva –como lo ha eludido hasta ahora- su declaratoria del 9 de enero de 2017 de destitución del Presidente de la República por Abandono del Cargo, lo cual conllevaría a un proceso inmediato de elecciones presidenciales, o se inicia un proceso Constituyente por la vía de la misma Asamblea Nacional, o por la vía de la iniciativa popular del 15% del Articulo 348, como lo ha venido impulsando la Alianza Nacional Constituyente. 

Desde este pequeño rincón de la red me permito hacer una sugerencia a quienes terminarán conduciendo este proceso: llamen al pueblo para que decida. Ha sido el pueblo quien ha puesto los muertos. Nuestra propuesta ahora tiene más vigencia que nunca: después de Maduro, debe venir un proceso Constituyente de carácter Originario iniciado, convocado y aprobado por el pueblo. Ese sería el mejor tributo a quienes no murieron por un llamado a elecciones sino por la libertad de su país.

Caracas, 26 de Mayo de 2017

Twitter:@laguana


DESDE EL PUENTE Oswaldo Álvarez Paz



PROCESO IRREVERSIBLE


Todas las cartas están sobre la mesa. Por un lado un régimen probadamente incompetente, ideologizado mediante un socialismo comunistoide, dirigido por un grupo cada día más reducido de cómplices de tantas corruptelas conocidas y por conocer, incapaz de mantener en términos decentes la memoria del difunto “inmortal” y por el otro, la nación entera desbordando estructuras políticas, económicas y sociales, expresando de manera inequívoca su deseo de cambio radical en la dirección de los principios fundamentales de Justicia y Libertad, base de los valores democráticos que la animan.
Régimen totalitario y tiránico. Responsable directo de la inseguridad de personas y bienes generadora de miles de muertos y heridos por causas diversas, de millares de exilados forzados o voluntarios, del acoso y amenaza permanente contra todo lo que no acepte la situación incluida la Asamblea Nacional, legítima expresión de la voluntad popular. Lamentablemente para ellos, llegó la hora final. ¡Ya basta! Para quienes dirigen la acertada resistencia frente a la tiranía pareciera repetirse la famosa frase de abril de 1810 según la cual “vacilar es perdernos”, hoy más vigente que entonces.
El testimonio invalorable de la Conferencia Episcopal Venezolana, del clero en general y de cada uno de los integrantes de la estructura eclesiástica, han orientado la lucha por los adecuados senderos de la democracia, del pluralismo, de la decencia y de la justicia, sin la cual serán imposibles el perdón y la paz duradera.
Se acerca la hora de la reivindicación del Derecho como instrumento regulador de la vida en una sociedad democrática. De las relaciones de los ciudadanos entre sí y de éstos con el Estado-gobierno. Indispensable la existencia de un ordenamiento jurídico sabio y estable, dictado por el propio Estado, pero al cual debe someterse fundamentalmente el propio Estado y, por supuesto, todas las ramas del poder público que lo integran.
Conozco y siento la preocupación de muchos debido a la incertidumbre que algunos tienen sobre el desenlace de la actual y definitiva confrontación. Pero esta circunstancia, lejos de invitarnos a tirar la toalla por temor o cansancio, debe servir, como está sucediendo, para avivar el espíritu de lucha con el convencimiento de que estamos a las puertas de un nuevo amanecer luminoso.
“Siempre habrá Venezuela”. Fue el título de un libro de Miguel Ángel Capriles hace unas cuantas décadas. Tenía razón Don Miguel, pero está en nuestras manos ahora que se trate de una Venezuela Mejor. Es posible y está muy cerca la oportunidad de demostrarlo. La Nación tiene todo para tal fin. Ideas, proyectos y programas y lo que es más importante, hombres y mujeres formados para hacerlos realidad.
Lunes, 22 de mayo de 2017

@osalpaz

EDDIE A. RAMÍREZ Militares de ayer y de hoy


Entender la mentalidad de los militares que en el pasado intervinieron para apoyar o para intentar derribar a un presidente no es una tarea difícil. Tratar de entender la mentalidad de quienes apoyan a este régimen totalitario es cuesta arriba.

Militares  insurgieron en contra de Gómez, de Medina, de la Junta Revolucionaria presidida por Betancourt, apoyaron a Pérez Jiménez y después lo derrocaron,  se alzaron en contra de la Junta cívico-militar presidida por Larrazabal, se rebelaron en contra de Betancourt e intentaron derrocar a Carlos Andrés.

Existe una vieja conseja que afirma que los militares toman el poder o al menos lo intentan por simple ambición personal. Esta es una percepción muy simplista que no tiene sustentación. Nadie arriesga su carrera e incluso su vida por simple ambición, cuando  tiene asegurado un retiro tranquilo una vez cumplido los años de servicio. La razón de su proceder es que estaban convencidos, fuese o no cierto, de que el gobernante de turno lo estaba haciendo mal. En general, los militares  pensaban, erróneamente, que eran los salvadores de la patria “ una reserva moral¨ llamada a enderezar entuertos causados por los políticos.

En este artículo no se pretende analizar, ni juzgar esas  intervenciones. Quizá algunas fueron justificadas, pero otras no tuvieron razón de ser. Lo que intentamos destacar es que en el pasado los militares nunca atropellaron  al pueblo. Por ejemplo, cuando la Seguridad Nacional y la policía reprimieron violentamente las protestas en contra del dictador Pérez Jiménez, los militares lo obligaron a tomar las de Villadiego. Cuando el general Castro León intentó en dos oportunidades insurgir  y percibió que el pueblo lo rechazaba, optó por rendirse para evitar pérdida de vidas. En tiempos de la guerrilla  castro-comunista sí ocurrieron algunos episodios de torturas y desaparecidos en los Teatros de Operaciones. El el 2002, los militares le pidieron la renuncia a Chávez por la masacre que propicio, la cual aceptó. Ese mismo año un grupo de oficiales se declaró en rebeldía, sin armas,  en la plaza de Altamira, acción que algunos criticaron pero que fue una muestra de espíritu cívico

Es decir que, con todo y sus errores, esos militares del pasado nunca agredieron al pueblo. Los  generales Padrino, Reverol, Benavides, González López, Zavarce y otros son responsables de los asesinatos y daño causado por sus subalternos a civiles que protestan desarmados y que a lo sumo lanzan piedras y queman una que otra tanqueta o autobús. Cabe preguntarles qué espíritu perverso los anima a este comportamiento. 

¿Será que los guardias nacionales de hoy, o por lo menos muchos de ellos, perciben que el gobierno ha mejorado la calidad de vida de los venezolanos ? ¿Será que sus familias consiguen   medicinas, alimentos y  repuestos ? ¿Será que  han comprobado que cuando un familiar acude a un hospital es atendido con los recursos imprescindibles para mejorar su salud?  ¿Será que con el ingreso familiar pueden satisfacer sus necesidades mínimas?

En cuanto a los oficiales, es de suponer que aunque tienen prebendas que no disfrutan sus tropas,  también sus familiares son afectados por la   escasez de productos y alto costo de la vida. Además, no les puede pasar desapercibido el apoyo del régimen a los delincuentes, la quiebra de las empresas del Estado, la corrupción y, más grave aún, que los grupos paramilitares armados y financiados por el régimen terminarán siendo sus enemigos.   

¿Acaso los militares no entienden que los venezolanos no queremos  volver a un pasado que tuvo muchos aciertos, pero que cometió  errores, y que nunca aceptaremos a este régimen que viola los derechos humanos, que destruyó el aparato productivo nacional, entregó nuestro derecho sobre el Esequibo  y que pretende perpetuarse en el poder apoyado con las armas que ustedes recibieron  para defender la Constitución y nuestras fronteras?

Tú, teniente comandante de pelotón, tú, capitán comandante de compañía,tú, teniente coronel comandante de batallón, tú  coronel, tu general  no corrupto, tú soldado y guardia, ¿hasta cuándo vas a disparar, lanzar bombas lacrimógenas al cuerpo, repartir peinillazos y golpear al pueblo,  para que  un grupo de generales y políticos narcotraficantes, corruptos, ineptos y manchados de sangre inocente   sigan disfrutando las mieles del poder? Recuerda que algún día, la historia, tus hijos y los hijos de tus hijos te reclamarán por tus acciones y omisiones.  Mírate al espejo y analiza tu conducta. Sigue el ejemplo del teniente Paulo Machado Briceño y sus   dos compañeros que se negaron a reprimir para no ser cómplices de la barbarie. 

Como (había en botica):  El video donde un general  explica las acciones de guerra sobre Caracas con participación de  50 francotiradores fue divulgado por el régimen para asustar, pero es  una prueba más de que Maduro quiere enlodar al ejército. Aplaudimos la sanción de la Oficina del Tesoro de Estados Unidos a los magistrados de la Sala Constitucional. Repudiamos los actos de saqueo. Excelente la exhortación de la Conferencia Episcopal y el mensaje del rabino Pynchas Brener.  ¡  No más prisioneros políticos, ni exiliados!

eddiearamirez@hotmail.com  23/05/17   Noticiero Digital y Runrunes









miércoles, 24 de mayo de 2017

HOY PUEDE SER EL GRAN DÍA

HOY PUEDE SER EL GRAN DÍA
Todos a la Calle, 
todos con el 350  

 Libertad para todos los presos políticos, reconocimiento de la soberanía de la AN y apertura de un canal humanitario.

Hoy puede ser el gran día; y puede serlo porque somos millones.
Millones que salgamos a las calles exigiendo la renuncia del gobierno. 
Que renuncie Nicolás Maduro y todo el equipo del régimen corrupto, narco traficante, asesino y torturador, que ha sembrado en la nación hambre, miseria, enfermedades y desolación.
Tiene que renunciar y ser juzgado el Tribunal Supremo de Justicia – TSJ-, por uso indebido del poder, fraude permanente en los tribunales de Justicia y por uso indebido de la Constitución y las Leyes.
Deben renunciar las rectoras y el rector del Consejo Nacional Electoral – CNE-, arquitecto de fraudes que condujeron al país  a la oclocracia dominante.

Hoy puede ser el gran día que los gorilas que manejan el erario público regresen a los cuarteles y esperen ser juzgados como autores del descalabro nacional por corruptos e incompetentes … Hoy es el día que Venezuela podría reencontrarse y volver a ser tierra de libertades, cuna de independencia y una nación soberana. 

¡Hoy debe ser el gran día, el día tanto tiempo esperado, que pavimentemos las calles de Venezuela con canciones de Libertad!
Víctor José López
Periodista
CNP 900 / CI 1748990

CALLE CON PROPÓSITO por Luis Manuel Aguana



¿Se tenía que llegar a ese punto para actuar?

En la novela fabulada de Francisco Herrera Luque, “En la Casa del Pez que escupe agua”, cuando los integrantes de la familia Machado tenían la muerte cerca, veían aterrorizados “…caminado hacia atrás como la Sayona… la mujer del manto, la que predice a los de su familia la muerte que se aproxima…” (1). Me acordé de Herrera Luque al pensar lo debieron haber visto los honorables Diputados de nuestra Asamblea Nacional al ver llegar las Bases Comiciales del fraude constitucional del régimen, como preludio a una posible Constitución castrocomunista de Maduro, asomándose como la mujer del manto de la novela. La muerte va en serio, dirían. ¿Se tenía que llegar a ese punto para actuar?

La decisión de la Asamblea Nacional de ayer de convocar a un Referendo Consultivo amparándose en el Artículo 71 de la Constitución, es la primera decisión seria de la oposición oficial para enfrentar el despropósito del régimen de imponer el castrocomunismo en Venezuela con una pseudo constituyente, y le da piso político a la calle como mecanismo de protesta pacífica y constitucional. ¡Parece que al menos por eso ya no incurrirán en Responsabilidad política en el futuro! (ver Responsabilidad política, en http://ticsddhh.blogspot.com/2017/05/responsabilidad-politica.html).

Utilizaron exactamente la misma línea de argumentación que hemos esgrimido insistentemente desde la Alianza Nacional Constituyente para que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente de carácter Originario. Lamentablemente la Asamblea Nacional no convocó al Constituyente, lo cual hubiera sido lo procedente porque nos hubiera ahorrado la pregunta si el pueblo desea un nuevo Presidente este año –o el resto de los Poderes Públicos-, habiéndose resuelto de una vez los entuertos constitucionales de la Constitución de 1999. Sin embargo el sustento popular que le antepone al régimen es del mismo calibre, magnitud y fuerza:

“Este referendo busca en primer lugar, demostrar que somos una mayoría, plantear un proceso en el que quede claramente cuantos son los venezolanos que rechazan esa propuesta de Maduro, y cuántos son los venezolanos  que respaldan la propuesta de la Asamblea Nacional de que este año el pueblo de Venezuela tenga un nuevo Presidente. En segundo lugar, levantar conciencias. La gran pregunta que le haremos a las Fuerzas Armadas, a los Magistrados y a las Rectoras del CNE es que van a hacer cuando vean a millones de venezolanos diciendo que no. ¿Le van a pasar por encima? ¡Échenle pichón! Lo cual me lleva al tercer objetivo: este Referendo que estamos planteando para el pueblo, además de permitirnos organizarnos y expresar la mayoría, además de permitirnos aglutinar y sumar la mayor cantidad de venezolanos en contra de la dictadura de Maduro, también nos debe permitir organizarnos y prepararnos para que cuando la dictadura desconozca la voluntad del pueblo expresada en ese Referendo se active de manera definitiva, irreversible y determinante la activación del Artículo 350 de nuestra Constitución y nuestro pueblo tome las calles de Venezuela indefinidamente hasta que aquí se haga respetar la voluntad del pueblo venezolano…” (resaltado nuestro) (ver Intervención del Diputado Freddy Guevara en la sesión de la Asamblea Nacional del 23-05-2017, en https://youtu.be/rE8_zcw6ncc).

Quiero resaltar la importancia de esta decisión trascendental de la Asamblea Nacional para quienes puedan pensar –justificadamente a mi juicio- que la oposición oficial está equivocando de nuevo el camino, o le está haciendo el juego al régimen, como ya se ha asomado en las redes sociales .Pienso que todo lo contrario. Creo que esta vez sí les sonó la flauta: a) con esa decisión demostramos con firmas consultadas en mano que somos mayoría, sin entregar esas manifestaciones al CNE, ejecutando en la práctica el Artículo 350 constitucional; b) emplazamos con esas voluntades en la mano a las Fuerzas Armadas a decidir si respaldan o no al pueblo en su decisión mayoritaria de rechazar el castrocomunismo en Venezuela; y c) de negarse los militares a respaldar a la población, permanecer en actitud de protesta cívica beligerante, pero no violenta, en las calles hasta que se haga respetar la voluntad del pueblo venezolano. Eso le da direccionalidad, sentido y propósito a la lucha que se inició antes de esta decisión y que lleva ya muchísimos muertos. En otras palabras, ¡le da un sentido a la protesta y a la vida que nuestros muchachos han puesto por la libertad!

Celebro que la oposición oficial haya aterrizado y canalizado la protesta más allá de una solicitud de elecciones generales sin sustento constitucional, ya que Maduro siempre podía decir que la petición opositora de elecciones este año era inconstitucional, pudiendo insistir quedarse hasta el 2019 dejando a la oposición sin argumento. Ahora con esa consulta al pueblo en Referendo se podrá presionar con respaldo popular cierto  y documentado la solicitud de elecciones generales y rechazar al mismo tiempo de manera adecuada y contundente el proceso fraudulento constituyente del régimen.

Con esa “calle con propósito” definido, podremos pacíficamente reunir las voluntades de la mayoría de los venezolanos y demostrarle al mundo nuestra decisión indeclinable de vivir en democracia, rechazando la tiranía de manera una pacífica, electoral y constitucional.

Es posible que esta decisión de la Asamblea Nacional, como hecho político, haya puesto nuestra solicitud a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente de carácter Originario en un segundo plano, pero la ha justificado todavía más. Como bien indicaba en una pasada nota (ver La lucha por una Constituyente Originaria debe continuar, en  http://ticsddhh.blogspot.com/2017/05/la-lucha-por-una-constituyente.html) es preciso modificar estructuralmente cuanto antes (ni reforma ni enmienda) la Constitución de 1999. 

El hecho que Maduro (así como cualquier otro loco que pueda llegar a ser Presidente en Venezuela) nos haya puesto en este trance entre la vida y la muerte de la República, nos debe llamar a una profunda reflexión a todos. La Constitución de 1999 le está permitiendo a la Asamblea Nacional accionar sobre la decisión inconstitucional del régimen pero también les ha permitido a los dos últimos Presidentes haber hecho lo que les ha dado la gana con el país, llevándonos a una condición de indigencia. Y eso no se le puede dejar abierto a cualquiera que llegue a ser el próximo Presidente de Venezuela. Si podemos activar un Referendo Consultivo para impedirle a Maduro seguir en el Poder, podemos de igual manera cambiar la Constitución (Artículo 348) para que esta pesadilla no se repita. No esperemos volver a ver la mujer del manto para actuar. A partir de hoy ya el pueblo sabe cómo hacerlo…

Caracas, 24 de Mayo de 2017

Twitter:@laguana

(1)             Francisco Herrera Luque, En la casa del pez que escupe agua, Ed. Pomaire, 1985, ISBN: 84-599-5541-9

martes, 23 de mayo de 2017

Fernando Mires - INSURRECCIÓN


mayo 21, 2017
Venezuela vive uno de los momentos más dramáticos de su historia. Ya nadie lo puede negar: ha estallado la insurrección nacional en contra de la dictadura militar de Nicolás Maduro.
La fase insurreccional, vista en retrospectiva, estuvo precedida por dos fases previas. La primera fue la de un movimiento político y social cristalizado en torno al Revocatorio. La segunda la de la lucha por elecciones regionales y/o generales. La tercera -la que hoy tiene lugar- corresponde al levantamiento constitucional y constitucionalista surgido en contra del proyecto de la dictadura por sustituir la Constitución de 1999 (refrendada el 2007) por una constitución corporativa–fascista. Entre las tres fases mencionadas hay una asombrosa relación de continuidad. En gran medida, la una llevó a la otra.
La fase del revocatorio, procedimiento inscrito en la Constitución, fue asumida por la oposición a iniciativas de Henrique Capriles, como única alternativa frente al desconocimiento de la AN por medio del TSJ puesto al servicio de Maduro/ Cabello.
En torno al RR16 comenzó a articularse una inmensa voluntad ciudadana. El robo del RR, a su vez, desató intensas jornadas de protesta en todo el país. Dichas protestas fueron frenadas por el diálogo – más bien dicho, por la zancadilla- propuesto por el Vaticano y los intermediarios amigados por Maduro, hecho que llevó a una desmovilización transitoria de la oposición.
La ciudadanía democrática, sin embargo, al no divisar otra alternativa, comenzó a agruparse a lo largo de la vía electoral. Y nuevamente lo hizo alrededor de sus partidos. Los firmazos para la revalidación impuesta por el CNE adquirieron, al igual que las jornadas por el revocatorio, un carácter masivo. En cierto modo fueron su continuación. Así comenzaría –en contra del CNE y de esa empleada particular de Maduro llamada Tibisay Lucena- la segunda fase del proceso que llevaría a la insurrección surgida en los meses de abril y mayo.
Cierto es que uno u otro extremista de la oposición, incapaz de entender que para contar hasta tres hay que pasar por el dos, asumió –haciendo el juego a Maduro – una actitud contraria a las elecciones. No obstante, de modo inteligente, la mayoría comprendió que en las elecciones residía el talón de Aquiles del régimen. Si llamaba a elecciones –regionales o generales- Maduro estaba condenado a perder. Si no lo hacía, estaba condenado a declararse ante el mundo como lo que es: representante civil de una dictadura militar. Maduro, como cabía esperar, optó por la segunda alternativa. Fue su peor opción. Para decirlo con la letra de la canción de Violeta Parra: “se puso la soga al cuello”
Durante las jornadas por las elecciones tomaron forma las principales demandas del pueblo opositor: libertad para todos los presos políticos, reconocimiento de la soberanía de la AN y apertura de un canal humanitario. El régimen, en cambio, intentando mostrar fuerza, procedió a inhabilitar a Henrique Capriles y a destituir a gobernadores elegidos por el pueblo, sumando aún más reacciones en su contra. Gracias a la vía electoral, nunca abandonada por la oposición democrática, comenzaría a tomar forma la vía insurreccional.
El clamor por elecciones, al ser tan legal y tan legítimo, impulsó una solidaridad internacional que, partiendo desde la OEA y de los principales gobiernos de América Latina, ha alcanzado dimensiones mundiales. Por primera vez los noticieros europeos han dejado de presentar los acontecimientos de Venezuela como una lucha entre la izquierda y la derecha. Desde abril y mayo todos se refieren a la lucha democrática de un pueblo unido en contra de una dictadura militar.
Maduro cuenta solo con el pálido apoyo de organizaciones post-estalinistas como Izquierda Unida, del socialismo pubertario de Iglesias, del socialismo menopaúsico de Ménchelon y en América Latina, del minoritario Evo de Bolivia, del matrimonio Ortega de Nicaragua y de la dictadura militar cubana. Hasta el saliente Correa le dio las espaldas a Maduro, pidiendo elecciones.
Sabiéndose políticamente derrotada, la dictadura decidió patear la mesa. Al hacerlo no solo cerró el camino a las elecciones sino, además, desconociendo a la Constitución de 1999, inventó un mamarracho mussoliniano llamado Asamblea Constituyente Comunal (y militar), destinado a imponerse desde el poder, sin participación ciudadana y sin más legitimación que la que viene de los militares adictos al régimen
El proyecto de la constitución fascista tiene, es cierto, sus orígenes en las fantasías de Chávez y sus proyectos de poder comunal. Pero al parecer, el mismo Chávez, convencido de su inoperancia no se atrevió, pese a la popularidad que gozaba, a dar curso a la Constituyente. ¿Para qué si tenía a las leyes habilitantes que la AN le concedía para gobernar mediante decretos?
Si alguna vez Chávez creyó en el poder comunal, lo concibió como un momento de refundación de la república sobre las bases de una mayoría absoluta obtenida en lídes electorales. Es decir, como la coronación de su éxito y no como un corolario de sus derrotas, como ocurrió con Maduro. De este modo, la oposición, que antes del obsceno anuncio de la Constituyente tenía un carácter electoral, fue transformada por el mismo Maduro en una fuerza insurreccional que hoy exige, definitivamente, su salida.
Desde el 19 de abril ha estallado en Venezuela una insurrección constitucional. Una que, habiendo nacido en la oposición y sus partidos, va mucho más allá, penetrando en barrios, pueblos y ciudades, hasta ayer campos del chavismo. Una insurrección de jóvenes y viejos, de mujeres y de hombres, de días y de noches, de gente de las más diversas ideologías y creencias, de una mayoría enfrentando sin miedo a guardias pretorianas organizadas por el general de esa junta que ha decidido unir su biografía con el destino del régimen: Vladimir Padrino López, co-dictador de Venezuela.
Maduro y su reducido grupo ha perdido definitivamente la lucha política. Su momentáneo poder reside solo en balas disparadas sobre un pueblo inerme. Maduro, Cabello, Padrino-López, los Rodríguez, Escarrá, Isturiz, Jaua, El Aisami, seguirán siendo entes biológicos. Pero desde el punto de vista político ya son cadáveres.
Quizás hubo un tiempo en el cual algunos miembros de gobierno mantuvieron dignos ideales sociales. Pero pronto fueron envueltos en los negocios más turbios (maletines, tráfico de drogas, terroristas colombianos, siniestro ayatolaje, genocidas sirios, pistoleros cubanos, entre otros). Desde el poder hoy matan y siguen matando. Están manchados de sangre. El rojo de las franelas de Chávez ha llegado a ser el símbolo de la sangre derramada por la dictadura de Maduro. Es el color de la clase estatal que hoy domina a Venezuela. En esa clase no hay un solo interlocutor confiable. Ahí reside justamente el problema que deberá enfrentar la insurrección democrática venezolana en un muy próximo futuro.
Toda insurrección necesita, alguna vez, de una salida. Toda salida, a su vez, debe ser negociada por las fuerzas en contienda. Y bien, esa es la alternativa que no se divisa en Venezuela. Cambiando una que otra palabra del conocido dictum de Gramsci, podemos decir que los gobernantes ya no pueden (ni saben) gobernar. Pero los llamados a gobernar, todavía no pueden hacerlo.
La insurrección venezolana atraviesa un peligroso interregno extendido entre un orden que termina y otro que no llega. Dicha discordancia tiene su origen en una muy particular asimetría. La oposición ha derrotado políticamente al régimen, pero ese régimen se sustenta en la violencia militar. En todos los demás terrenos, Maduro y sus  secuaces ya no cuentan. Las calles, la cultura, las ideas, las religiones, los liderazgos, las universidades, las instituciones, los sectores populares, todo eso es parte de la oposición. ¿Cómo derrotar a un enemigo cuyo único recurso reside en el crimen organizado desde un estado militar? Esa es la pregunta clave.
Negociar es la única salida, dicen con razón algunos observadores. No obstante, el verbo negociar supone de un predicado y de un sujeto. El predicado responde a la pregunta: ¿qué es lo que se va a negociar? El sujeto, a otra pregunta: ¿con quién se va a negociar?
¿Qué es lo que se va a negociar? O dicho lo mismo en negativo: ¿qué es lo que no se puede negociar? La respuesta es una sola. Lo que no se puede negociar es la Constitución. Pues la Constitución no es solo un montón de leyes. Es la puesta en forma de la nación. La Constitución es la nación jurídicamente constituida. Es por eso que el origen, sentido y objetivo de la insurrección es la defensa de la Constitución.
Visto el problema a la inversa: ¿Qué es lo que la dictadura no está dispuesta a negociar? La respuesta es obvia: el retorno de la validez de la Constitución. Constitución que llevaría directamente a una descomunal derrota electoral del régimen. Diosdado Cabello, con su brutalidad acostumbrada, lo dijo muy claro: “La Constituyente (fascista) no se puede negociar”. Efectivamente: entre dos constituciones, la democrática liberal aprobada por mayoría nacional en 1999 y la constituyente dictatorial-fascista hecha a espaldas de la ciudadanía, no hay ningún término medio. Por lo mismo, no puede haber ninguna negociación. El problema se agrava si tomamos en cuenta el tema del sujeto de la negociación. Pues ese sujeto no es un simple mal gobierno. Estamos hablando, en este caso, de todo un sistema de dominación social, político y económico.
La dictadura en Venezuela, a diferencia de otras habidas en el continente, no es personalista. Maduro no es más que el representante civil de una mafia formada al interior del aparato del estado. En las palabras del profesor Humberto García Larralde, la dictadura está formada por una secta. Efectivamente, parece ser así. 
El grupo que controla el poder en Venezuela cultiva formas y ritos propios a las sectas más fanáticas. Por de pronto, la adoración a un padre totémico, en este caso, Chávez. Como en todas las sectas, sus seguidores no siguen el dictado de una ideología o de un programa racional. Cuando hablan de revolución, se refieren a ellos mismos. Ellos son la revolución. Y en nombre de esa revolución, vale decir de ellos, han llegado a creer que todo les está permitido. Cuando saquean las arcas del estado, por ejemplo, lo hacen con buena conciencia pues imaginan ser las representaciones personales de una revolución situada “más allá” de la ley. Es por eso que cuando tuvieron que elegir entre la Constitución de todos y la revolución de ellos, se decidieron en contra de la Constitución. La fidelidad a la Constitución es para ellos igual a traicionar a la revolución. De más está decir que negociar políticamente con esa secta, parece ser, por el momento, una empresa imposible. Esa es la razón por la cual la insurrección en marcha deberá buscar otros interlocutores. ¿A quiénes? Por el momento hay dos:
Uno es la propia sociedad civil, vale decir, el conjunto de instituciones sociales, culturales, religiosas y políticas a las cuales pertenecen muchos ciudadanos chavistas leales a la constitución de Chávez. Eso significa que la insurrección debe continuar el camino que ella misma se ha trazado: pacífico, democrático, electoral (nunca hay que dejarlo de lado) y, por sobre todo, constitucional. Ese camino debe conducir al máximo aislamiento posible de la dictadura. Sobre ese punto hay, dentro de la oposición, absoluta unanimidad.
La segunda interlocución es más complicada: supone apelar, no al poder del estado sino al poder fáctico que lo sostiene: las FANB.
Naturalmente, las FANB pueden dividirse. De acuerdo a declaraciones de algunos dirigentes de la oposición, existe la esperanza de que, mediante una insurgencia mantenida, la unidad de las fuerzas militares llegará a resquebrajarse. Pero por el momento esa es solo una hipótesis. Y actuar sobre la base de hipótesis no es, al menos en política, recomendable. Tampoco es aceptable actuar de acuerdo a “posibles escenarios”, como sugieren algunos analistas muy imaginativos. De lo que se trata mas bien es de proceder de acuerdo a objetivos precisos y concretos. En otras palabras, la oposición venezolana se encuentra en la necesidad de levantar una política frente y hacia las fuerzas armadas. Una política que vaya más allá de simples llamados patrióticos. Una política, en fin, que parta de la situación real y no imaginaria que viven las FANB bajo el régimen de Maduro.
Aparte de oficiales y soldados fanáticos miembros de “la secta”, es difícil pensar que todos los militares están felices con el rol que les ha asignado la dictadura. A muy pocos les gusta, seguramente, reprimir a gente desarmada, y mucho menos ser insultados en las calles. En parte reprimen porque reciben ordenes. Pero también lo hacen debido a la creencia de que están defendiendo la continuidad de su profesión.
Los militares, como los miembros de todas las profesiones, anhelan ejercer su trabajo en condiciones de seguridad, ascender en las jerarquías y gozar de prestigio social. Esa es la razón por la cual, cuando enfrentan a un enemigo, pocos de ellos defienden nociones abstractas o ideologías que no conocen. Les interesa, sobre todo, asegurar la estabilidad de su profesión. Temen, y a veces con razón, que con un cambio de régimen perderán sus privilegios. En cierto modo, cuando disparan, muchos imaginan luchar por ellos y su futuro. Tarea de la oposición, deberá ser, en consecuencia, presentar un proyecto que asegure a los militares la inamovilidad de sus cargos y el respeto a los beneficios sociales que actualmente gozan. Esa es, claro está, “otra” negociación. Pero puede ser más fructífera que dialogar con una secta sin lógica, sin argumentos y sin razones.
No se trata por cierto de pedir a los militares un pronunciamiento en contra de la dictadura, ni mucho menos aguardar el aparecimiento de algún general mágico. Se trata simplemente de garantizar la inclusión de las FANB en un nuevo orden democrático. Quien se lo dijo a los militares de modo muy preciso fue el propio presidente de la AN, Julio Borges: “Nadie les pide a ustedes que se pasen al campo de la oposición. Solo se les pide que se pasen al campo de la Constitución”.
Sí: de esa Constitución a la cual los militares juraron respetar y en cuya defensa ya han sido asesinados muchos ciudadanos venezolanos.