martes, 25 de abril de 2017

LUIS GRANADOS, La legitimación


Definitivamente la ruta opositora diseñada por algunas organizaciones partidista es previsible, el régimen les tiene tomado el pulso, conoce de sus debilidades y aspiraciones, es tan evidente que así lo demuestran los hechos políticos y electorales recientes, sobre todo estos últimos, que contando con el mayor respaldo popular, no se han hecho respetar ni accionar para el rescate de la democracia en el país, causando mayor desengaño y creciente padecimiento de la población. 

Lo Electoral se ha convertido en la única razón y objetivo a conseguir por parte de los jefes estos partidos, para supuestamente solucionar la profunda crisis institucional, política, social y económica que nos consume. Carecen de un nuevo Proyecto de Pais que oriente su lucha y estimule al soberano. Es decir, se  sigue terca y equivocadamente pensando, que el régimen al mejor estilo cubano, algún día, con supuesto apego a la “Constitución y Leyes”, convocara a elecciones de gobernadores en el 2017 y de Presidente en el 2018, y que además esta resignado a “PERDERLAS”. Nada más falso, pues esa convocatoria, solo será posible, cuando en el PSUV y el gobierno se tenga la certeza de no perderlas, contando como siempre con su oficina electoral del CNE, hoy más controlado que nunca, gracias a diputados opositores que con su inasistencia a la sesión correspondiente, impidieron la elección de una nueva directiva electoral… Y aquí no pasó nada!..

Adicionalmente, en ese propósito Electoral se acude sumisamente a legitimar el andamiaje partidista del país, ante un Ilegitimo régimen, que  de manera arbitraria y antidemocrática, al mejor estilo nicaragüense, decidirá a conveniencia  quienes serán legitimados y quienes no, proceso dilatado que le permite al régimen ganar tiempo y también a quienes equivocadamente en la oposición partidista, sin importar el sufrimiento nacional, solo enmarcan la solución de la crisis dentro del marco de sus aspiraciones electorales, cuando dicha crisis exige mucho mas de un simple maquillaje de cambio de un Mesías por otro. No.., exige de un GRAN CAMBIO!.. del modelo centralista, castrante y opresor vigente durante 207 años, por otro expresamente descentralizado desde la constitución, que entre otros muchos aspectos descentralice la Justicia, la Salud, la Vivienda, la Educación, quite poder al Presidente, reinstitucionalice la Fuerza Armada, privilegie los valores y principios ciudadanos y la honradez administrativa, contemple la doble vuelta electoral, reduzca el periodo presidencial, empodere a las Regiones y Municipios,  disponiendo de las autonomías y fortalezas económicas y legales necesarias para que planifiquen libremente su propio desarrollo y bienestar, 

En esta ruta legitimadora de los partidos, no es descabellado pensar que el régimen consiga, en algunos de los precandidatos opositores, a perfectos aliados para su fachada “electoral y democrática” ante el mundo. De hecho nadie entiende las posturas o declaraciones recientes de Manuel Rosales y Henry Falcón, que en línea con las de sus respectivas bancadas en la Asamblea Nacional, dan apoyo tácito al régimen en su agenda antidemocrática, incluso el mismo Allup señalo que el régimen tendría termino natural en el 2019, olvidando estos, la dramática situación que padecen millones de venezolanos. De manera que es lógico esperar que  sus partidos sean legitimados y esperar inciertamente la convocatoria a elecciones en el 17 o el 18. Habrase visto mayor ingenuidad, para no decir otra cosa?

De allí que cada vez toma mas vigencia y aceptación la propuesta que la ALIANZA NACIONAL CONSTITUYENTE viene haciendo a todos los venezolanos de asumir sin excepción el liderazgo soberano consagrado en el texto constitucional, artículos 5, 70, 347, 348, 349 y 350, para por iniciativa popular convocar a un Proceso Constituyente de Carácter Originario; para dar una solución efectiva, constitucional y democrática a la profunda crisis que padece la república, mediante esta herramienta que por su naturaleza constitucional reconoce el carácter supraconstitucional del poder originario y soberano de todos los venezolanos y señala adicionalmente la no INGERENCIA del poder constituido, valga decir CNE o TSJ etc. pues es un proceso auto regulado por el pueblo para darse una nueva Constitución, rescatar la  Democracia y reistitucionalizar la república, en otras palabras: Refundar la Republica.


Cercano está el momento en que no habrá poder alguno que evite que el pueblo soberano, empoderado, haciendo suyo y defendiendo en cualquier terreno la iniciativa constituyente, evite consagrar la nueva independencia y rescatar la patria de esta dictadura insolente que la agrede y entrega a oscuros intereses extranjeros, al terrorismo y narcotráfico.

Luis Granados
luisfgranados@gmail.com
@luisfgranados
Tachira-Venezuela



LUIS MANUEL AGUANA ¡Es el Poder Originario, estúpido!

¡Es el Poder Originario, estúpido!
Por Luis Manuel Aguana

La célebre frase “¡Es la economía, estúpido!” de James Carville, asesor demócrata de Bill Clinton, quedó para la historia como un recordatorio que lo evidente hace ganar o perder elecciones. Por eso he querido traerla del recuerdo en un intento de poner de relieve lo que hemos repetido hasta el cansancio a quien quiera escucharnos, y ahora se hace evidente con esa “sorpresita” Constituyente de Maduro el domingo pasado. Intentar negar la posibilidad Constituyente del régimen, como ya han salido a declarar algunos dirigentes políticos opositores, lamento decirlo, es una estupidez, de acuerdo a ese estándar internacional.

En un ejercicio de repetición pedagógica, tal y como hacían los viejos maestros de la escuela pública primaria de la provincia, insistiré otra vez como un mantra: “El Poder Constituyente Originario está por encima de los Poderes Constituidos”. En esto se basó Hugo Chávez para convocar la Constituyente de 1999 y destruir la Constitución de 1961; y es exactamente lo mismo de donde ahora se está agarrando Maduro en un último intento de aferrarse al Poder, al anunciar por segunda vez en su último programa televisivo del 23 de abril “Los domingos con Maduro” a “…un proceso popular constituyente, por la vía electoral, pacífica, para refundar la República a través de una Asamblea Nacional Constituyente popular” (ver Maduradas: Maduro propone Constituyente “para refundar la patria”, en  https://youtu.be/tbBpRt7YLKc).

Sin embargo quienes al parecer todavía no lo han entendido, después de estos largos 18 años de sufrimiento, ha sido la oposición oficial, quienes insisten en el contrasentido “primero salir de Maduro y después Constituyente” por la vía electoral, con todos los poderes secuestrados por el gobierno, sin acabar de entender ¡que el proceso constituyente mismo es el que debe renovar a los Poderes Públicos! (ver http://ticsddhh.blogspot.com/2017/04/y-ahora-la-ruta-constituyente-originaria.html).

Desde esta modesta tribuna he insistido muchísimas veces –y seguiré insistiendo- en que la vía constitucional más expedita para solucionar el problema creado en 1999 es volver sobre los pasos de ese concepto primario que se esbozó con la sentencia del 19 de enero de 1999, cuando la Corte Suprema de Justicia de entonces autorizó el Referendo Consultivo que dio paso a la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente (ver Sentencia del Magistrado Humberto La Roche del 19-01-1999 en http://tinyurl.com/k7buhzo): “Es inmanente a su naturaleza de poder soberano, ilimitado y principalmente originario (refiriéndose al Poder Originario), el no estar regulado por las normas jurídicas que hayan podido derivar de los poderes constituidos, aún cuando éstos ejerzan de manera extraordinaria la función constituyente.”

Esa sentencia fue la que estableció el principio fundamental que ahora aduce Maduro en su programa de televisión, quien en huida sorpresiva hacia adelante retoma el camino de su predecesor: “Chávez nos agarró y nos dijo “tenemos que impulsar un camino constituyente, por la vía electoral, pacifica, de los obreros, de los campesinos, de las amas de casa, de los estudiantes, una asamblea popular, obrera, campesina, juvenil y yo pienso -Chávez-tenemos que empujarlo a las elecciones”. Y esta misma sentencia de la extinta CSJ fue la que dio origen al Artículo 347 de la Constitución de 1999.

¿Y qué hace con eso la oposición? Ignorarlo olímpicamente, cuando ese es precisamente el fundamento de todo este berenjenal que tenemos en el país. ¿Cómo le explicamos a la gente y en especial a aquellos que se dicen dirigentes de la oposición, que eso mismo es lo que nos debe sacar del problema donde estamos metidos?

Si Maduro nos está anunciando que convocará a una Constituyente, es porque lo hará al estar constitucionalmente facultado para ello. ¡Cuántas veces nos han dicho lo que van a hacer! Incluso sus asesores cubanos parecen indicarle no hacerlo por la vía de un decreto del Presidente en Consejo de Ministros, como lo autoriza el Artículo 348, sino a través de un “proceso popular” convocado con unas firmas que Tiby puede conseguirle muy fácilmente con el ministerio electoral del régimen, donde ellos establecerían las reglas para la convocatoria. ¡Allí está el detalle!, como diría Cantinflas.

De esa manera podrían, por ejemplo, decir que solo pueden ser Constituyentes los miembros de los Consejos Comunales, o a quien ellos les de la gana, dejando afuera a los factores democráticos del país, porque es el Soberano quien establece las reglas. En opinión de un eminente constitucionalista venezolano, “…en esta oportunidad el régimen cuenta con un Juez Constitucional a su servicio (no amenazado como en 1998, sino controlado por el régimen) que dirá lo que el régimen quiera, por ejemplo, desde cómo y cuáles firmas se admitirán para el ejercicio constituyente, cuáles constituyentes se eligen y cuales se anulan, hasta declarar que la Asamblea Constituyente que se elija no será originaria y por tanto, no podrá afectar a los poderes constituidos (Ejecutivo, Judicial, Electoral y Ciudadano), excepto precisamente el Legislativo (la Asamblea Nacional), indicando que como no puede funcionar por el desacato en el cual se encuentra, será definitivamente barrida y sus funciones serán asumidas por la Asamblea Constituyente.”

Cualquier proceso electoral bajo este sistema perverso manejado por el CNE del régimen, estará por principio completamente viciado. Es por eso que el pueblo tiene toda la razón al exigirle a la MUD que no se pueden negociar elecciones para enfriar las calles, ni caer en la trampa del gobierno. De allí que debamos movilizarnos dando un paso adelante, cosa que a diferencia de nosotros, el gobierno siempre hace, al trazar antes que la oposición la línea de política que el país seguirá.

Y es por eso que también, incluso desde muchos años antes de existir la Alianza Nacional Constituyente, hemos insistido que es necesario el desconocimiento del régimen partiendo de la base conceptual misma que originó todo el proceso, el Poder Originario; recordándole permanentemente a la oposición que es ese mismo Poder Originario, quien debe establecer las Bases para su convocatoria e ir directamente a su llamado, desconociendo a los Poderes Constituidos, tal y como ahora está establecido constitucionalmente en el Artículo 350 de nuestra Carta Magna.

Dicho esto, la oposición ante ese llamado de Maduro debe aprestarse inmediatamente a un proceso masivo de recolección de firmas, estableciendo en ese camino las Bases para su convocatoria. Eso es lo que hemos sugerido insistentemente desde la Alianza Nacional Constituyente, proponiendo una Planilla de Recolección de Firmas atada a unas Bases Constituyentes fijadas de convocatoria del pueblo. Recoger  8, 9, 10  millones de manifestaciones de voluntad, cancelaría de facto este nuevo intento del régimen y lo obligaría a reconocer al Poder Originario por mayoría aplastante, dándole así una cucharada de su propia medicina de 1999. Desde la ANC hemos puesto a la disposición de la oposición democrática el desarrollo conceptual que hemos realizado en todos estos años para acometer esa tarea. Es un trabajo perfectible que podemos revisar sin mezquindades para iniciar ese esfuerzo urgente e inmediatamente.

La oposición difícilmente podrá negarse a una convocatoria constituyente del régimen –de hecho si la quiere la impondrá-, porque es de principio constitucional, y a la vez “una solución electoral”, tal y como la piden todos los países del mundo, en especial los de la OEA. Pero es una convocatoria tramposa desde el Poder Constituido. Por eso es que debemos demostrarle a Venezuela y al mundo, dando un paso hacia adelante, que somos la mayoría que decimos ser, recogiendo las manifestaciones de voluntad del Poder Constituyente Originario que establece la Constitución, y que están por encima del Poder Constituido, desconociendo al mismo tiempo a Maduro y sus poderes corrompidos. Eso es lo que nos garantizará, no solo la salida del régimen, sino una transición en paz y en democracia, aunque parezca que lo evidente no es lo importante, como lo sigue siendo la economía en la célebre frase de James Carville…

Caracas, 25 de Abril de 2017

Twitter:@laguana

EDDIE RAMÍREZ S Dignidad versus bellaquería

                                                                                                         
Los asesinatos, torturas y otros atropellos del régimen han aflorado  los mejores valores de los venezolanos, pero también  los peores antivalores. Es motivo de orgullo contar con compatriotas con dignidad, como la señora Tianamen, con la joven que con un pañuelo con nuestro tricolor recoge  una lacrimógena para devolvérsela a los chacales, con el flaco  que sube desnudo a una tanqueta y con  el joven que cuatro en mano soporta con estoicismo la agresión. Ellos representan lo afirmativo venezolano, como diría don Augusto Mijares, quien escribió que ¨ Figuras siniestras o grotescas se agitan ante las candilejas y acaparan la atención pública; pero siempre un mártir, un héroe o un pensador iluminan el fondo y dejan para la posteridad su testimonio de bondad, de desinterés y de justicia¨.
María José   tuvo el valor de impedir el paso de una tanqueta, gesto que hizo recordar al chino que se enfrentó a un tanque en la plaza Tianamen. Desafió  sola a los atropelladores del pueblo. ¿Qué pretendió esta señora  descendiente de esos  valiosos inmigrantes portugueses a quienes debemos gran parte de nuestro desarrollo como país? Solo aspiraba, y lo logró, llamar la atención del mundo sobre las violaciones a la Constitución  venezolana. Mientras María José lucha por la libertad, otras mujeres  como  las fanáticas periodistas   Blanca Ekhout,  Tania Díaz y Maripili Hernández  avalan  que el régimen restrinja la libertad de expresión y establezca una casi hegemonía comunicacional; y una profesora universitaria como Carmen Zuleta de Merchán dicta desde la Sala Constitucional sentencias que violan la Carta Magna. Las cuatro citadas representan los antivalores, lo negativo venezolano.  
La foto de la joven no identificada, que intrépidamente   devuelve una bomba lacrimógena a los guardias nacionales  es una clara evidencia de que la sociedad venezolana no se doblega ante la dictadura. Se expuso al efecto nocivo de  esas armas químicas y a que le dispararan solo porque desea un mejor país. Mientras tanto, otras mujeres como Iris Varela  y    Carmen Meléndez      aceptan que la Guardia Nacional y la Policía Nacional disparen lacrimógenas vencidas que, como ha expuesto la química  Mónica Kraute, causan daño a la salud. Según denuncia de esta profesora de la Universidad Simón Bolívar, las lacrimógenas producidas en Venezuela por CAVIM no tienen fecha de elaboración, ni  de caducidad, como es  requerido internacionalmente. Las producidas en Brasil sí las indican, comprobándose que varios lotes usados están vencidos. 
El flaco Hans se desnudó para indicarle a los esbirros que no estaba armado. Ofreció  su cuerpo a los perdigones y lacrimógenas solo para decirle al mundo que quienes tienen las armas son los cuerpos represivos del Estado y los paramilitares rojos amparados  por la Guardia y por la Policía.  Mientras tanto, un Jorge Rodríguez,   que ni como siquiatra ha logrado aplacar el odio por el trauma del asesinato de su padre, dispara amenazas a   cualquiera que no comulgue con su pérfida revolución y El Aissami no solo arma a los paramilitares, sino que miente constantemente.   
El joven que aparece tocando cuatro en medio de una nube de lacrimógenas simboliza  la Venezuela que, a pesar de las  penurias, sigue siendo alegre y le canta a la vida y a la libertad. Qué diferencia con otros jóvenes como  Héctor Rodríguez y Ricardo Sánchez, quienes no pierden la oportunidad de alabar al régimen dictatorial. 
Para desgracia del cobarde y soez Maduro, hoy los celulares de cualquier ciudadano y las cámaras de valientes periodistas ponen  todos los días al descubierto los atropellos de la Guardia Nacional, de la Policía Nacional y de sus aliados los paramilitares rojos. No importa lo que declaren los espernibles generales Padrino López y  Reverol  y el pithecanthropus  Diosdado.  El mundo conoce quiénes son los violentos. No podrán eludir su responsabilidad, así como como tampoco el  general  Antonio Benavides, Comandante de la Guardia Nacional  y  el general  Alfredo Pérez Ampueda, Comandante de la Policía Nacional. El caso del general Gustavo González López es aún más grave, ya que abundan las denuncias de torturas en el Sebin; las más recientes fueron aplicadas a los morochos José Francisco y Francisco Alejandro Sánchez, tal como ha denunciado su padre. La historia y la justicia  condenarán a estos violadores de los derechos humanos. Los venezolanos dignos son más que los bellacos.   
Como (había) en botica Continúan los accidentes en la Pdvsa roja y la producción está en solo 1.972.000 barriles por día, lo cual representa un 6,1% de la producción OPEP y algo más del 2% de la producción mundial. A pesar de estas cifras, los fanáticos rojos insisten en que el ¨imperio¨ quiere invadirnos para apoderarse de nuestro petróleo. Se niegan a reconocer  que los Estados Unidos ya no necesitan nuestro crudo.  Maduro sigue amenazando con encarcelar a José Guerra y a Tomás Guanipa, cuyos únicos delitos son  denunciar los atropellos y la crisis económica. Es muy probable que  sea Maduro quien termine entre rejas  ¡ No más prisioneros políticos, ni exiliados!  
eddiearamirez@hotmail.com    25/04/17 . Enviado a Noticiero Digital y Runrunes


lunes, 24 de abril de 2017

DESDE EL PUENTE Oswaldo Álvarez Paz



SOBRE EL RESPETO
La intervención de Maduro el domingo pasado en su programa televisivo fue un canto a la mediocridad. Esa amenaza indeterminada es una grave acusación en su contra realizada por él mismo. ¡Claro que sabemos de qué es capaz de hacer y hasta adonde está dispuesto a llegar! Por supuesto no se trata de nada positivo, ni útil, para la nación venezolana. De un tipo que ha violentado la Constitución, liquidado el ordenamiento jurídico existente, desconocido la necesaria separación de los poderes públicos al desconocer la Asamblea Nacional, atentado contra necesidades elementales como la salud, la alimentación y la seguridad de las personas y de los bienes, podemos esperar cualquier cosa  negativa. Ninguna positiva. La gente le perdió un respeto perdido por él mismo en su desesperación.
Las múltiples manifestaciones de rechazo al régimen concretadas a lo largo y ancho de toda Venezuela y en las principales ciudades del mundo, hablan por sí solas. Los ciudadanos respetan a las autoridades sólo al estar convencidos que quienes gobiernan también lo respetan. Cuando se pierde el respeto la nación se coloca en situación altamente peligrosa. El régimen consume sus energías tratando de reprimir una conspiración subversiva absolutamente irreal. Copiando una figura de Julián Marías, utilizada en otras circunstancias, Maduro está como el profesor carente de autoridad intelectual y  moral. Como nadie le para se siente obligado a amenazar y sancionar. Progresivamente hemos desembocado en un régimen totalitario. Para quienes lo dirigen ya no es posible el arrepentimiento, ni el propósito de enmienda.
El alto gobierno vive en medio de una espantosa inseguridad. Todos son enemigos, empezando por quienes están a su alrededor y, por supuesto, se sienten acechados por conspiradores propios y extraños.
Jamás imaginamos que podríamos llegar a esto en pleno siglo XXI, pero nunca es tarde para reaccionar en la dirección correcta. Los sectores democráticos venezolanos lo están haciendo. Sin embargo, hay que tener mucho cuidado con los encantadores de serpientes para evitar obstáculos graves en la lucha por la libertad. La batallas de hoy son pensando en el futuro que ya empezó y no en un ayer que no volverá jamás.
En estos días debemos insistir en cosas dichas en múltiples oportunidades. Lo electoral es un instrumento de la democracia, pero no es el único y ni siquiera el más importante. No hay derecho a caer en trampas calculadas con ofertas desde la cúpula para supuestamente hacer elecciones regionales o convocar a una constituyente con la mancha manipuladora de quien la convoca. No se trata de eso. Queremos un cambio integral de régimen para ir, entonces sí, a una Asamblea Nacional Constituyente Originaria que dirija la reconstitución institucional de la República en lo político, en lo económico y en lo social.
Lunes, 24 de abril de 2017
@osalpaz


LUIS BELTRÁN GUERRA George Orwell, gracias

George Orwell, gracias
A Pedro Magín se le vitorea al afirmar en clase que la tiranía que gobierna a Venezuela colapsará. Sucederá como en “La rebelión en la Granja”, pero con la diferencia de que serían los humanos quienes cesarían en el gobierno a los tiranos que han pisoteado a los venezolanos. No a la inversa, o sea, que los animales expulsan a los humanos como en la sátira del novelista.
El pueblo tomará la calle para rescatar la democracia de la cual fue despojado por mecenas, que estableciendo una relación de vasallaje con los segmentos empobrecidos accedieron al poder, repartiéndoles migajas a cambio de sufragios, pero embolsillàndose ellos el erario público, perversidad que dejò destruida a la República. El académico plantea el rol que han de cumplir los políticos, “quienes se dedican al arte y ciencia de gobernar”. Pero pregunta si conducirán al pueblo o éste a ellos.
Eustacia Ramos considera que la definición del político es teórica, pues en ella cabrían pocos para calificárseles dirigentes o líderes. Lucio Montoya plantea que el desprestigio ha de vincularse a la crisis de representación generada por la democracia en America Latina, sostén de un capitalismo explotador y excluyente. Magín percibe que el interviniente lee El desprestigio de la política, de Beatriz Stolowicz, quien estima que a Chavez hay que agradecerle el socialismo del Siglo XXI a América Latina. Luis Benavides propone que un proceso de democratización de la democracia ha de adelantarse, pues estamos ante partidos políticos cada vez con menos confianza en la ciudadanía, corriendo el peligro de que un amplio sector rechace al sistema político y la clase dirigente. Es la situación de Chile, advierte el profesor Magín, apreciación que confirma con orgullo Benavides.
El académico lo felicita, dando la palabra a Julio Madariaga, con beca concedida por el Max Planck Institute para estudiar PHD en política. En mi criterio el análisis ha de tomar en cuenta el escenario en el cual puedan verse envueltos los políticos y el pueblo, por lo que si el ultimo es pasivo, como ocurre comúnmente, el dilema relacionado con la vigencia o el desprestigio de la dirigencia la asume la ciudadanía únicamente en los procesos electorales, o sea, cuando vota. Adicionalmente, no debe obviarse la circunstancia de que los profesionales, intelectuales y académicos, que iuris tantum están mejor preparados para el diseño y puesta en práctica de las políticas públicas, no participan en los partidos. El rechazo a la dirigencia en estos casos es un tema de conversaciones privadas, sin transcendencia. Si no ponderamos estas variables, acota Madariaga, jamás alcanzaríamos a comprender la temática en toda su integridad.
El catedrático plantea que ha de referirse a la situación confrontada por los venezolanos durante 18 años y ante lo cual se han rebelado el 19 de abril, los días precedentes y en aquellos por venir. Al tema tenía pensado referirme profesor, afirmando que en situaciones de extrema tiranía, donde se patee la soberanía popular y la prerrogativa que ella conlleva atinente al ciudadano para determinar su destino a través del sufragio, el pueblo mediante el derecho a la indignación es el sujeto principal, generándose una imperativa adhesión por parte de los políticos, so pena de desaparecer. Es tan intensa, por tanto, la aquiescencia de los últimos a la voz de la calle, como la de los manifestantes. La sociedad alterada no deja de ser evidencia de descontento ante propuestas de aquietamiento a la rebelión a través de argumentaciones formales, para las dictaduras un saludo a la bandera. Lo felicito Madariaga.
Aracelis Diaz opina que ante los sunamis populares los políticos corremos o nos encaramamos, por lo que hemos de sopesar propuestas que puedan coadyuvar a una humillación más al pueblo, adicional a aquella a la que el sátrapa le ha infligido.  Entre ellas las que de cualquier forma mediaticen la acción de la calle y su objetivo, que en la totalidad de las situaciones consisten en que el ladino y sus secuaces saquen las garras que tienen hundidas en la patria. Exhibe el libro El fin del Poder (Naim) donde se plantea la paradoja actual en la que la desigualdad contribuye a la desconfianza en las instituciones y que ciudadanos escépticos depositen su esperanza en generadores de fe, a pesar de hacer promesas incumplibles. Este es el caso de la Venezuela de los últimos 18 años, interrumpe Madariaga.
El profesor finaliza la clase preguntando cual ha de ser el comportamiento de la dirigencia política ante ebulliciones populares, apreciación ante la cual Luis Pérez contesta que ha de dejarse conducir por las masas hasta que el gobierno se vaya. Julio Martìnez, católico practicante manifiesta que actuar como San Agustin: “haz lo que puedas, pide lo que no puedas y Dios te dará para que puedas”.
Los aplausos se escuchan fuera del aula. El académico emocionado grita:
“George Orwell, gracias”
@LuisBGuerra

EGILDO LUJÁN NAVA UNA CONSTITUYENTE ORIGINARIA: LA ÚNICA SOLUCIÓN.

Apreciadas amigas y amigos:

¿Están "trancadas" todas las posibilidades en Venezuela, para que haya alguna alternativa racional y civilizada que detenga la marcha de lo que hoy está sucediendo en las calles venezolanas?. No. ¿ Y existe dicha alternativa jurídica y política que se pueda implementar?. Sí . 

Es lo que el Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP), Egildo Luján Nava, ha venido presentando como opción y argumentando en nombre de un considerable número de venezolanos desde hace cierto tiempo. Está contemplado en la vigente Constitución de la República en sus artículos 347, 348 y 349 relativos a la "Asamblea Nacional Constituyente". 

Por supuesto, no es una medicina procedimental de efecto instantáneo. Pero está allí. Se puede recurrir a ella. Y, si se quiere la solución, se puede emplear, fortaleciéndola con la participación conciliadora de las expresiones institucionales internacionales que han hecho posible salidas progresivas en otras partes del mundo a casos como el de Venezuela. Siempre será más pronto y menos costoso cuando las soluciones no se plantean entre manchas de sangre de hermanos.  Pero para que eso sea posible, los interesados en el empleo de dicha modalidad deben convencer al país que el proceso no es una carrera contra reloj; asimismo, que sí es posible hacerlo sin tener que jugar a un 19 de abril de 1810 en Caracas  para terminar en 1821 en Carabobo.


                               "El Cielo es pródigo para los que combaten por la justicia, y severo con los opresores"
                                                                                                                                                                                            Simón Bolívar
                                                                                                                                   Formato del Futuro…

Se derramó el agua. Las cartas ya están echadas. Llegó el 19 de Abril, fecha emblemática de la historia patria venezolana. Dos posiciones sobre cómo debía ser la relación entre el país colonial y la Metrópoli pasó a convertirse en el germen independentista en el naciente formato de país.


El Día, sin duda alguna, fue el punto de partida de un proceso  que habría de consolidarse con el correr de los años y con sus implicaciones. No fue de un momento para otro. Fue, entonces, la fecha que abrió las páginas de un movimiento precursor que, entre otros, incluía entre sus gestores a quien luego habría de convertirse  en el líder de otro macroproceso de imagen y alcance libertario supranacional, Simón Bolívar. 

Ese mismo día pero del año 2017, luego de un pugilato público entre un partido político y un Gobierno que ostenta el poder a su antojo desde hace 18 años, y una expresión multipartidista asociada como referencia de Unidad Democrática, decidieron calibrar fuerzas populares en la calle. El primero identificado con la desventaja de no haber tenido resultados positivos para el país y su ciudadanía. El otro por representar a grupos opositores ofendidos por epítetos, descalificaciones y de acusaciones, como de traidores a la Patria, aunque asistidos por la innegable ventaja de agrupar a un 80% de la población que exige cambiar; cambio estructural.

Las calles de Caracas y de las diferentes capitales de estado hablaron. Y lo hicieron en respuesta a una convocatoria para defender pacíficamente, sin violencia,  lo que está establecido, en un caso. En otro, para exigir la restitución del hilo constitucional que fue destruido con sendas sentencias de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y el enjuiciamiento de los Magistrados que incurrieron en dicho delito; reactivar el ejercicio del derecho constitucional a solucionar dicha situación por vía electoral; a liberar los presos políticos que en más de un centenar -hasta entonces- se mantienen en el país y, por supuesto, que se reconozca la existencia de una crisis humanitaria por indisponibilidad de medicinas y de alimentos en el país. 

Pero lo que se esperó que sería una voz ajustada a dichas razones para estar en las calles, terminó en supuestos: de acto pacífico y no violento. En hechos que demostraron, una vez más, que no es posible darle espacio y vigencia a la credibilidad, cuando lo que distingue el resultado son: varios compatriotas muertos; exagerado número de heridos; centenares de detenidos. Todos, curiosamente -¿o como era de esperar?- de ciudadanos identificados con el sentimiento opositor democrático.

Las calles por donde hubo la movilización del pluralismo partidista opositor,  siempre se exhibió la presencia de centenares de agentes policiales llamados a “poner orden”; a representantes de un grupo paramilitar o parapolicial que el Gobierno llama Milicias Armadas; activistas al servicio de  otro grupo denominado Colectivos y que no son otra cosa que civiles -¿o militares vestidos de civil?- armados; miles de Guardias Nacionales forrados con escafandras anti-motín, bien armados. Asimismo, tanquetas blindadas, miles de motorizados, abundancia de bombas molotov y camiones con mangueras de agua de alta presión. ¿Y para qué?.

Para repeler a una ciudadanía que reclama libertad en el ejercicio de sus  derechos constitucionales, y que los plantea, desde su manera de concebirlo, con la exposición de pancartas con mensajes alusivos, banderas del país y consignas. Pero, además, convencida de que su reclamo no atendido por los demás poderes públicos, debía consignarlo en la Defensoría del Pueblo. Para que ella, entonces, honrando su por qué y para qué constitucional, se convirtiera en la portadora de un descontento y de una  protesta debidamente fundamentada, en lo que esa misma ciudadanía califica de violación persistente de la Constitución Nacional y de sus  derechos humanos.

En lo que se tradujo el reclamo, la protesta en las calles y el propósito de llegar a la Defensoría del Pueblo, sede accidental del Poder Moral de la República, fue en lo que ya conocen los venezolanos  y los gobiernos de los países del mundo en donde preocupa el presente y futuro de la Democracia en Venezuela.

Es decir, la ciudadanía terminó convirtiéndose en víctima de encontronazos, de empujones, de golpes, de detenciones y sanciones. Y todo porque fue así como lo determinó la puesta en escena y entrada en vigencia de un citado Plan Zamora, un artilugio conceptual para convertirlo en una justificación gubernamental dirigida a contener un proceso supuestamente desestabilizador; acción represiva para impedir, en el caso de Caracas, el arribo ciudadano a los espacios urbanos del Municipio Libertador, por el solo hecho de que allí tiene su asiento el Poder Ejecutivo. Y todo aun cuando en la Capital de la República, como en el resto del país, el reclamo ciudadano se tradujo en una presencia suya que, según cálculos científicos de expertos, pudo haber cuadruplicado la participación de los llamados defensores de la gestión gubernamental.

La lectura que se ha hecho de lo sucedido, una vez más, es que el Gobierno, en nombre de su partido base y de su forma de conducir al Estado, recurrió a las opciones administrativas de controlar el monopolio de la violencia, para tratar de anular una acción de reclamo popular, indistintamente de su respaldo numérico, como el de la solidaridad democrática internacional a dicho reclamo.

Ahora, transcurrido el hecho. Vivido el episodio. Conocida la conducta gubernamental, aun por sobre la opinión de la Fiscalía General de la República en cuanto a que las Sentencias 155 y 156 de la Sala Constitucional del TSJ plantean un desconocimiento de la Constitución de parte del Poder Ejecutivo,  ¿Qué hacer?. Porque lo que luce obvio, como lo plantearía cualquier filme mejicano, es que ¿0 nos matamos o nos arreglamos?. Y si nos matamos, ¿quién se va a ocupar de arreglarlo?.

Hasta ahora, no hay nada que no se haya intentado para arreglarlo de acuerdo a lo que plantean la racionalidad, la alternativa de la civilización y los  postulados constitucionales. Ya se intentó solicitar la renuncia del Presidente. Seguidamente, se quiso descalificarlo acusándolo de extranjero indocumentado. Igualmente, se promovió un diálogo con mediadores internacionales y nacionales sin ningún resultado. Luego se recurrió a solicitar la celebración de un referéndum revocatorio y no lo permitieron. Después se demandó la realización de elecciones de Gobernadores de acuerdo a lo establecido en la Constitución, pero inconstitucionalmente fueron pospuestas. ¿Qué más se puede hacer?. 

¿Acaso impedir eternamente por la fuerza que la ciudadanía demande sus derechos en la calle?. ¿Convertir a treinta millones de venezolanos en la extensión del capricho de una minoría, empecinada en su decisión de ser querida, respaldada y respetada, aun cuando no sea digna de ser eso: querida, respaldada y respetada?.0 en el peor de los casos,¿reeditar las experiencias de El Salvador y de Colombia y escribir nuevos capítulos de su historia con sangre de venezolanos?. 

Sin duda alguna, el momento demanda respuestas distintas a las actuales. Y una de ellas, quizás la más importante, es procurar una salida constitucional que, como el 19 de abril de 1810, no se conciba ni se trate de imponer sin valorar la importancia del tiempo bien aprovechado, usado y convertido en el aliado inteligente para quienes resisten, como para aquellos que han entrado en el desquicio funcional por miedo a los costos individuales y grupales de los cambios necesarios e inevitables.

¿Y es eso posible?. Sí. Porque existe la salida, pacífica y constitucional. Pero que, desde luego, tiene que  ser planteada bajo la luz de la sinceridad y voluntad de alcanzar una solución con la que ganen el país y la ciudadanía, y no que se convierta en el trofeo histórico de una expresión grupal.

Está expresada en los artículos 347,348, y 349 de la Constitución vigente desde 1999. Y se refiere a la figura de la Constituyente 0riginaria, cuyo fundamento consiste en la solicitud a cargo de un 15% mínimo de la población inscrita en el Registro Electoral Permanente. Sería un proceso que tendría que desarrollarse  con base en el espíritu rector del articulado y una autoridad electoral no contaminada por parcialidades partidistas, ni padrinazgos militaristas. Pero sí sometida a la observación garante de pulcritud administrativa de expresiones institucionales internacionales.   
  
De acuerdo al espíritu de los citados Artículos y el soporte extraordinario de factores y condiciones que evidencien la voluntad de ir a soluciones, se evitarían la confrontación de bandos. También la imposición de las posiciones ideológicas que hoy se ocupan de “trancar” la imperiosa necesidad de darle espacio a un encuentro nacional, y a una progresiva reconciliación de y en  todo el país. 

Luego de la convocatoria, se procedería a la elección democrática de los Constituyentistas. Ellos  pueden ser ciudadanos de cualquier ideología,  grupos partidistas o diversos de la sociedad civil. Serían la consecuencia de una elección uninominal, y escogidos por sus virtudes, conocimientos, cualidades, logros y aportes al país, independientemente de si fueron o son pro Gobierno o de Oposición. 

A esos ciudadanos, les correspondería convertir en hecho el ejercicio de la responsabilidad de realizar las profundas reformas constitucionales necesarias que permitan un sano y justo desarrollo de un Estado moderno, y cuyo objetivo principal sea la de propiciar calidad de vida y bienestar a sus ciudadanos. Hacer posible la reinstitucionalización del país para que nazca una nueva Venezuela. 

Se trata de un proceso que se podría concretar en un período no mayor de 4 meses. Y que concluiría con la celebración de unas elecciones generales, a partir de la nominación de los candidatos que conducirían los destinos de la nación, de acuerdo a los postulados de una nueva Constitución que, entre otros logros, haga posible: la descentralización del país; la independencia absoluta de los poderes públicos; la elección libre por votación para un período no mayor de 5 años del Presidente como del Vice Presidente con doble vuelta electoral. Que se retorne a un poder legislativo bicameral, como al funcionamiento de un Banco Central de Venezuela independiente, entre otros propósitos.  

Sí se puede. Hay que desactivar todos los indicios evidentes y hasta supuestos que hoy conducen al país a someterse a lo que determinen el odio, el resentimiento social y los intereses personales que medran de ese doble lastre histórico de las sociedades civilizadas. Y hay que trabajar, desde ya, en procura de dicho objetivo, por sobre los radicalismos y el fundamentalismo que ciertas individualidades acarician como un recurso salvador de responsabilidades y de culpas. 

No es verdad que el 19 de abril del 2017 y lo que sucedió ese día, y a partir de entonces, plantea una realidad política y violenta sin retorno. Pero sí es necesario arrancarle de las manos  esa posibilidad a todos aquellos que, desde las sombras o desde las posiciones que ofrece el privilegio de la dirigencia, insisten en conducir a Venezuela a vivir más tristes y dolorosos episodios a los ya sufridos hasta a fecha.  

Egildo Luján Nava
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)

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